Holanda es bien conocida por su ofensivo y atractivo estilo de juego en los últimos 40 años. Una de las cabezas visibles de esta filosofía fue Johan Cruyff, el elegante extremo-cerebro-rematador del Ajax, quien además de todo esto, era un jugador con una capacidad de liderazgo indiscutible. Sin duda, tener a Cruyff en el equipo nacional fue una bendición para Rinus Michels.

¿O quizá no tanto? La presencia de Cruyff, y sobre todo el poder que amasaba en la sombra, le costaron caro a Holanda. Para ser más exactos, y desde un punto de vista estrictamente personal, ¡Dos Copas del Mundo! Se puede decir que, en el campo, Cruyff era una de las mejores cosas que le podían pasar a un entrenador, pero fuera de él, el Maestro Holandés era todo lo contrario.

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Jan van Beveren, el genial portero del PSV, era un hombre al que la afición adoraba. Un auténtico mago, capaz de hacer auténticos trucos dignos de David Copperfield entre los palos. El mejor portero que ha tenido Holanda de largo, lo cual es una buena referencia cuando sacamos a colación los nombres de otros grandes como Hans Van Breukelen y Edwin Van der Sar.
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Pero Cruyff y Van Beveren no se tragaban. Se odiaban, y esto trajo dramáticas consecuencias. Fueron enemigos desde el primer día. El alto y ágil Van Beveren se oponía radicalmente a todos los privilegios que tenía Cruyff dentro de la selección: desde llegar tarde a los entrenamientos hasta el poder renunciar a jugar por compromisos publicitarios, pasando por fumar en el vestuario.

El problema, como muy comúnmente ha ocurrido en el seno de la Oranje posteriormente, era el dinero. Van Beveren nunca se cortó de hacer frente a los ricos jugadores del Ajax. En cierto modo, el guardameta del PSV era la voz de los demás jugadores del vestuario holandés. Todos estaban en el mismo barco, cada uno tenía que hacer bien su trabajo para lograr el éxito colectivo, por lo que, obviamente, todos debían tener los mismos derechos y deberes. Todos debían ser iguales.

¿Todos? Obviamente no. Cruyff era igual a todos, pero siempre “un poquito más igual”. Ello, unido al apoyo que le daban los numerosos compañeros y amigos del Ajax (Rep, Keizer, Hulshoff, Suurbier, Krol, Muhren, etc…), le otorgaba una cuota de libertad y poder que no podía ser contrarrestada por ningún otro hombre.

Cuando Van Beveren se lesionó gravemente en 1973, Cruyff vio rápidamente la posibilidad de eliminar a ese otro polo de poder que amenazaba su liderazgo único. El Flaco, utilizó su enorme influencia para situar a su amigo, el veterano portero del DWS Amsterdam Jan Jongbloed como guardameta titular de cara a Alemania’74. Jongbloed era un mediocre. No hay otra palabra que lo defina mejor. Hasta el momento, solo había jugado una vez con la selección, en 1962 y entrando como suplente del guardameta del Feyenoord Pieters-Graafland. Se encontró con una oportunidad que jamás había soñado, y obviamente, aceptó de buen grado estar a la sombra de Cruyff. Una sombra de la que Van Beveren quería salir, ganando el título mundial, y mostrando al mundo lo grandísimo portero que era.

Con Cruyff y Van Beveren en el equipo, habría que ver quien sería considerado la mayor estrella del equipo. Obviamente, Cruyff llevaba todas las de ganar: era el mejor jugador del mundo en discusión con Beckenbauer, había ganado títulos europeos y era muy famoso fuera de Holanda. Aún así, Cruyff no podía aceptar a otro superman jugando a su lado, y de ahí su presión sobre Michels para que seleccionase a Jongbloed.

De todos modos, Van Beveren aún pudo llegar a jugar el mundial, ya que se recuperó de su lesión en mayo, un mes antes del comienzo del campeonato. Necesitaba una o dos semanas para recuperar la forma, pero Michels le obligó a jugar un amistoso intrascendente contra el Hamburgo, o en caso contrario, quedarse en casa. Otros jugadores, también dudosos por su estado físico, tuvieron la oportunidad de probarse una semana antes del Mundial. El guardameta del PSV no, a pesar de que habría estado en plena forma para el primer partido contra Uruguay. El resto, como comúnmente se dice, es historia. Holanda perdió el título, recibiendo dos goles cuanto menos evitables.

Entre 1974 y 1978, Cruyff consiguió mantener a su gran rival fuera del equipo. Enfadado tras lo ocurrido antes del Mundial, Van Beveren renunció a la selección en 1975, justo cuando estaba en su mejor forma, pero regresó poco después. Aún así, llegó a ir convocado, solo para ser suplente de tres porteros diferentes, todos netamente inferiores a él: el amigo de Cruyff, Jan Jongbloed, su portero en el Ajax, Henk Stuy y otro favorito de Cruyff, Pieter Schjrivers.

Cuando Van Beveren le preguntó a Jan Zwartkruijs (el entrenador de porteros de la selección), por qué lo llamaban si estaba claro que no iba a jugar, este le contestó:” Jan, no te enfades. Me manipulan. No tengo otra opción”. Cruyff había amenazado con no jugar con Holanda nunca más si Van Beveren estaba en el equipo. Y, obviamente, la afición no perdonaría al entrenador que dejase a Cruyff abandonar el equipo. Van Beveren, cansado del asunto, renunció a la selección con 32 partidos como internacional. Fue en 1977, y el mejor portero del mundo (en competencia con Zoff y Maier), tenía solo 29 años.

Jan van Beveren fue un enorme guardameta, pero jamás será reconocido como tal porque internacionalmente, no tuvo jamás una aparición en el Mundial o la Eurocopa. Y obviamente, no era miembro del clan del Ajax que tanta celebridad acumuló a inicios de los 70. Ni siquiera del Feyenoord, que contaba con grandes jugadores como Wim Van Hanegem, Rinus Israel, el veterano guardameta Pieters Graafland o el genial extremo Coen Moulijn, otro de los desplazados por Cruyff. Su mayor logro fue llevar al PSV a la final de la UEFA con una serie de grandes partidos. En el PSV solo tenía a los jóvenes gemelos Van der Kerkhof y el defensor Poortvliet, que asumirían su cuota de poder con la salida de Cruyff, siendo piezas clave en el equipo holandés que fue subcampeón en Argentina’78.

En ese equipo del PSV también estaba la otra pata del banco en toda esta historia. El cañonero Willy Van der Kuijlen, el mayor goleador de la historia del fútbol holandés. Aún hoy, el máximo realizador histórico de la Primera División de los Países Bajos, un jugador con un disparo de media y larga distancia tremebundo. EL (así en mayúsculas), delantero titular de Holanda. El hombre que debía haber sido la punta de lanza del Fútbol Total, pero que, como Van Beveren fue rechazado por su enemistad con Cruyff. Si el del PSV hubiese estado en la Copa del Mundo, Michels no tendría que romperse la cabeza poniendo a Cruyff de delantero centro, ni moviendo hacia el centro del área a los extremos Keizer, Rep y Rensenbrink, sino que estos cuatro fenómenos le servirían balones al artillero legítimo del equipo.

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Por si esto fuera poco, también otro extremo genial, el veterano Coen Moulijn del Feyenoord perdió su puesto ante el empuje del 14 del Ajax. Hubiese sido sin duda un suplente de lujo, que completaría la mejor batería de jugadores de banda de todos los tiempos. Su ausencia del seleccionado fue otro de los motivos de la división interna del vestuario Oranje. Van Hanegem, la estrella del Feyenoord, tampoco soportaba seguir las órdenes de Cruyff, más cuando estas habían supuesto que su capitán, Moulijn no disputase el Mundial, o que el mejor líbero holandés, su compañero Israel, chupase banquillo a favor de jugadores del Ajax que ni siquiera jugaban en su posición.

El caso es que, analizando a los dos finalistas del Mundial, vemos lo grave de la conducta de Cruyff. Mientras Alemania contaba con uno de los mejores porteros del mundo, Maier, Holanda, que podría haberle contrapuesto a Van Beveren contaba con el mediocre Jongbloed.

Al líbero de clase mundial Beckenbauer, Holanda contraponía al lateral reconvertido Suurbier, cuando tenía en el banco a otro líbero de lujo, Israel, quien era considerado de los mejores del mundo, junto al propio Beckenbauer, el brasileño Luiz Pereira o el austríaco Krieger.

Mientras Alemania usaba como cerebro a Overath (con el lujo de Netzer en el banquillo, pudiendo rotar en cualquier momento), Holanda lo igualaba con Van Hanegem, pero también lo obligaba a trabajar en defensa, lo cual acababa por agotar al jugador del Feyenoord. Para estas labores, los alemanes usaban a Bonhof, mediocentro específico, y a dos jugadores con recorrido como Hoeness y Breitner, mientras los naranjas solo tenían a Neeskens.
Cruyff, que bien podría haber sido el segundo cerebro holandés prefería jugar en la banda (o donde fuese), mientras los alemanes utilizaban extremos clásicos que suministraban balones de gol a su gran goleador Müller, plaza que en Holanda debería haber ocupado Van der Kuijlen, pero que, como vimos, estaba vacante y en la que rotaban diferentes jugadores.

Y ahora hablemos de los goles. Dada la categoría de Van Beveren, sin duda hubiese parado ese flojo tiro de Müller que supuso el 2-1. O al menos habría estado muy cerca de ello. Y quizá hubiese tenido ocasión de parar el penalty de Breitner, ya que esta era su especialidad. Y obviamente, dudo que esos churros que fueron los goles de Kempes y Bertoni en 1978 hubiesen llegado a buen fin con él defendiendo el marco holandés.

Con Van Beveren y los demás excluidos, quizá Holanda fuese ahora mismo el campeón de 1974 y 1978 (al menos habría presentado mejores credenciales aún). Cruyff también quiso ser campeón del mundo, pero sólo si era la única estrella. Y el tiempo demostró que eso no era suficiente.

Escrito por der kaiser