En un partido engañoso, la selección española derrotó al Líbano apostando por la segunda unidad de banquillo como referente de juego y orgullo, algo de lo que suele adolecer el combinado nacional con sus titulares. Sergio Llull, Fran Vázquez y Alex Mumbrú dieron un paso al frente y dejaron en evidencia las carencias defensivas del resto de jugadores, que de talento andan sobrados pero faltos andan de empuje en este campeonato. Se recuperaron sensaciones ante un equipo menor; sin embargo, se volvieron a observar algunos errores que de seguir así se pueden convertir en crónicos. La apatía y la indolencia defensiva de jugadores como Navarro, Ricky Rubio y Marc Gasol, el nerviosismo de Rudy o la falta de forma de jugadores como Raúl López, Felipe Reyes y Garbajosa, empiezan a preocupar en el entorno del combinado español, y más, cuando nos encontramos a pocos días de jugar unos partidos de capital importancia. La moral aumenta mientras las dudas permanecen, esa sería la conclusión tras este envite. En el horizonte espera Grecia o Rusia, y a medio plazo, Estados Unidos.
Mientras la selección mejora moralmente, su engominado entrenador continúa manejando conceptos equivocados y una idea de juego que poco tiene que ver con la esencia de ese equipo que se alzó con el triunfo en Japón o Polonia. El poco uso de la defensa en zona, la explotación de la defensa individual cuando el físico de los nuestros no responde, negarse a jugar con dos cincos en la pintura como Fran y Marc, la delirante optimización de los minutos en pista de la segunda unidad o no contemplar a Sergi Llull como base en lugar del perdido Raúl López, son algunos de los clamorosos errores que Scariolo no está sabiendo ver y, por lo tanto, corregir. Es lamentable darse cuenta cuándo un entrenador se ve superado por una situación que le viene grande, enorme. Y si a ello le sumas la falta de corazón de algunos de sus pupilos, el equipo que antes era sólido ahora es débil y predecible. No asustamos y las caras nos delatan.
El partido, contra un equipo menor, comenzó con el cinco inicial tipo del torneo: Rubio, Navarro, Rudy, Garbajosa y Marc Gasol. Sin Felipe, olvidado por el entrenador, situación que se traduce en un déficit de rebotes considerable y en una vulnerabilidad evidente en la pintura. El primer cuarto empezó y terminó de manera extraña. Con Rudy Fernández demasiado acelerado -descentrado desde el primer día por su futuro en la NBA- y una serie de errores imperdonables en ataque por los nuestros. La selección se empeñó en lanzar desde la línea de 6,25 cuando con Marc Gasol clavado debajo del aro y repartiendo juego se podía hacer más daño. Faltó movimiento contra la zona 2-3 y el estatismo de nuestro juego interior obligó a los exteriores a lanzar con precipitación. Mala lectura por parte del entrenador y del base del equipo, que no supo leer la defensa del equipo asiático. Y en esas, el equipo libanés acertaba con algunos triples de enorme complicación, así se llegó al fin del primer cuarto, con una igualdad preocupante y Jason Vroman dando miedo debajo del aro español, 22-21 a favor de los árabes.
El segundo cuarto se desarrolló entre la evidente superioridad española y el esfuerzo de unos árabes corajudos. Todo transcurrió de forma lógica. La victoria se encarriló con una técnica a su mejor hombre, Jason Vroman, que permitiría la superioridad de Gasol en la pintura. Poco a poco aumentaron las distancias con una serie de canastas del acertado pivot de Memphis y algún que otro triple de Rudy Fernández. Al descanso, el equipo español vencía de 11 puntos y parecía que mejoraban los nuestros en defensa con la entrada de Llull en lugar de Navarro -mal partido para éste-. El otrora desaparecido Alex Mumbrú aportó algo más de garra y el poco acertado Felipe Reyes daba muestras de cierta mejoría física en ambos lados de la cancha. El resultado después de veinte minutos de juego racheado era de 32-43, una diferencia amplia pero sospechosa de remontada a tenor de los anteriores encuentros de la roja; sin embargo, hoy no hubo pájara y la desconexión no pareció tal, no era rival para ello.
La segunda mitad resultó más factible de lo esperado después de lo mostrado en el primer tiempo. La distancia entre los dos combinados se ampliaron después de una serie de buenas combinaciones entre los pequeños y el juego interior, Marc Gasol, que sin un center puro que le cuerpeara se saciaba con bandejas y tantos debajo del aro. Al final del encuentro el mediano de la saga terminó con 25 puntos, la mayor anotación individual de uno de los nuestros durante el Mundial. En ese preciso momento, con una ventaja superior a los veinte puntos, el entrenador dio cabida a gran parte de la segunda unidad del banquillo, Fran Vázquez, Mumbrú y el olvidado San Emeterio, además de seguir apostando por Llull de escolta, jugadores que a la postre capitalizarían el esfuerzo en defensa y la producción en ataque. Eran minutos para ganar confianza y resultó. El pivot gallego fiscalizó la pintura del Líbano y marcó las diferencias, al término del encuentro las estadísticas así lo reflejarían, 15 puntos y 9 rebotes para el de Chantada. Por otra parte, un Sergi Llull recuperado físicamente mostró que con ganas, orgullo y unas piernas prodigiosas podía ganarse un puesto entre los 5 titulares. Defendió con garra, atacó de forma vertical y demostró que la selección no sólo necesita de talento, también de sangre y furia. Con un Ricky distraído y bajo de testosterona surge la figura del también joven base del Real Madrid, aunque Scariolo lo considere un escolta, estamos delante de un jugador que puede aportar algo de lo que adolece la selección, y más teniendo en cuenta las bajas de Calderón y Pau, orgullo. Es necesaria la eclosión de figuras que aporten personalidad y corazón.
Los cinco últimos minutos del partido sirvieron para que un Claver desconocido, por lo acertado, tuviera tiempo para demostrar su valía. Sin un Garbajosa físicamente estable, el valenciano puede realizar buenos minutos de 4, contra Canadá deberá ser el momento de probaturas y demás fórmulas tácticas que nos puedan resultar positivas para los duros encuentros en la ronda final. No dio para más, los tibios libaneses habían cedido al final del tercer cuarto y España se encontraba cómoda en la cancha. El resultado final, 57-91. Victoria balsámica pero engañosa, necesaria y aseada. Estados Unidos dando miedo con poco, mientras tanto, nuestro futuro próximo será Grecia o Rusia; apoyémonos en la esperanza, que como diría aquél, es lo último que se pierde.
Resultado
57 – Líbano (22+10+15+10): Vroman (22), Fahed (7), Rustom (7), Freije y El Khatib (10) -equipo inicial-, Abd El Nour, Mahmoud (5), Stephan, Kanaan (3), Fakhreddine (3) y Reda.
91 – España (21+22+29+19): Rudy (7), Ricky Rubio, Navarro (5), Garbajosa (7) y Gasol (25) -equipo inicial-, Reyes (8), Raúl, Vázquez (15), Llull (6), Mumbrú (9), Claver (6) y San Emeterio (3).
Escrito por Jesús Salvagnac


